La Danza Oriental es una de
las danzas más antiguas del mundo, que en los países árabes se conoce como
Raks Sharki que significa literalmente Danza Oriental.
Su origen se remonta a miles de años A.C. En los
antiguos templos egipcios se reservaba a pocas mujeres la suerte de bailar
delante de los dioses para implorar sus favores, agradecer sus beneficios y
ofrecer dones.

Practicar la Danza Oriental, es un excelente
trabajo de tonificación muscular, especialmente en la zona
pélvica-abdominal, glúteos, piernas y brazos.
Aporta gran movilidad articular en las zonas
lumbar, cervical y cintura, evitando rigidez.
Mejora las funciones biológicas propias del sexo
femenino, evitando síntomas de la menstruación, menopausia y compensa el
proceso de descalcificación y osteoporosis. Mejora el tránsito intestinal.
Se ha comprobado que se sueltan tensiones profundas
de las que muchas veces no tenemos consciencia. Dulcificamos la mirada,
adquirimos estilo propio.
Es la única danza con la que conseguimos disfrutar
con nosotras mismas, despejamos nuestra mente y sin darnos cuenta cultivamos
exquisitez, belleza, delicadeza.
La danza del vientre nos da la oportunidad de
utilizar músculos que tal vez nunca antes habíamos utilizado o aprender a
concentrarnos en solo aquellos que necesitamos, mientras relajamos el resto
de nuestro cuerpo. Es como acumular la fuerza y la tensión para aquello que
necesitamos.
El entrenar los músculos necesita
tiempo y se hace poco a poco, paso a paso, no podemos esperar que estemos
totalmente preparadas para el trabajo de parto en tan solo unas semanas. Si
hemos llevado una vida sedentaria, tener los músculos entrenados y poder
controlarlos, no solo nos ayudará en el último momento, "el parto", también
nos servirá para soportar el peso del bebe hasta evitar las incómodas
estrías y controlar en la mayor medida posible las dolorosas contracciones.